Para clavos el martillo y para tornillos el destornillador

Leyendo La ciencia es bella y poderosa pero no completa en el blog de Pere me acuerdo de como me gustó leer las conferencias en las que William James presentó lo que sería denominado pragmatismo, escuela filosófica de la que no voy a entrar a valorar sus métodos, formulación o epistemología, porqué no soy competente en el tema para descuestionar lo cuestionado por los espertos, pero si que diré que me apasiona su actitud siempre enfocada a resolver los problemas y su vocación de buscar consensos, puntos de encuentro y buscar la mejor herramienta para cada problema, se llame ésta ciencia o religión.

Pere comenta que valorar a partir de que punto existe vida humana en la gestación del embrión no es una buena pregunta para la ciencia.

¡Claro que no lo es! ¡Es una pésima pregunta! ¿Y por qué? Porqué la definición de vida humana no es única ni objetiva. Para distinguir la vida humana de lo que no lo es necesitamos caracterizarla. Y esto se hace delimitando los casos límite: el inicio y el final de la misma. Es, pues, una cuestión de definición.

Y las definiciones, todos lo sabemos, siempre se hacen en función de los resultados. Y se retocan cuando han conflicto, cuando se exploran los casos límite. O sea que tendremos definiciones para todos los gustos.

Si a mi me preguntan ¿qué es una silla?, diré que es alguna cosa para sentarme. Pero si después de haber dicho esto me traen un banco, diré “bueno… pero con respaldo”, y luego me traen un sofá y diré “pero para una persona”, y luego me van a traer una butaca y al final de todo este proceso mi definición de silla se va a parecer más a una serie de fronteras en las regiones límite que a otra cosa….

En respuesta a un artículo científico o a una argumentación de tipo ético o moral que demuestre que la vida humana empieza en ese o en ese otro lugar siempre podré decir: “oiga, para mí la vida humana no es eso”.

Que le pregunten a la ciencia médica y biología a que estado de gestación la actividad cerebral supera un determinado umbral o que valoren la inteligencia del feto mediante su aprendizaje, que valoren sus emociones utilizando el mejor conocimiento que tenemos ahora de cerebro. Y que luego la ética haga su trabajo.

La respuesta a esa pregunta, sin embargo, a lo mejor sí que la tiene la ciencia: la sociología. Pregunta cuanta gente se siente cómoda con una formulación concreta y no te preocupes que científicos y religiosos, si quieren, acabaran de hacer cuadrar el sistema; y los políticos legislaran en consecuencia. Ciencia/filosofía/religión y sociedad se retroalimentan.

Al final de su post Pere dice:

Al mismo tiempo, la religión debería retirarse completamente del ámbito de la ciencia.

Eso para mí sería como negar la infuencia de la cultura en general sobre la ciencia. No entraré ahora en si esto es deseable o no, lo que sí diré es que la religión si no entra en determinados temas no es religión; y por ello me parece claro que esto que pides es imposible. Y a mí no me gusta nada luchar contra la realidad, es mejor aceptar que existe y tenerla en cuenta para corregir sus efectos.

Leave a Reply